Se los considera sectores vulnerables y por eso merecen una atención especial. El caso de los jubilados y pensionados está emparejado con el de los niños. El cuidado de ellos debería ser una prioridad para el Estado. A nadie se le ocurriría no custodiar, por ejemplo, las escuelas cuando los alumnos entran y salen. Y pasa algo similar con los bancos en los cuales más de 200.000 personas mayores cobran todos los meses sus magros salarios. Es cierto que a la salida de las entidades financieras hay algunos policías. Pero también es cierto que son muchos más los delincuentes que rondan a la espera de alguna víctima fácil. Ayer uno de los investigadores sorprendió con una afirmación a LA GACETA: "tras esto, dimos órdenes de que se detuviera a todos los pungas que están siempre en la puerta". O sea que, primero, saben quienes son, y segundo, y lo que es peor, hasta ayer no los detenían. Porque no sólo hay pungas, sino también arrebatadores y "artistas" del "Cuento del tío". No se sabe cómo llevaron a Esther Rodríguez hasta el lugar en el que hallaron el cuerpo. Alguien la trasladó hasta allí en algún vehículo. El dinero que había sacado en el banco fue el botín del asesino. Y queda la sensación de que hay miles de ancianos que están expuestos al mismo peligro.